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23/02/2014
Explican la menor incidencia de cáncer en pacientes con enfermedades del sistema nervioso

Análisis biocomputacionales desvelan la primera relación genética entre cáncer y patologías como el alzhéimer, el párkinson o la esquizofrenia. Los resultados muestran que casi un centenar de genes explicarían esta relación entre enfermedades a priori tan distintas.

Fuente SINC

Estudios epidemiológicos sostienen que enfermedades del sistema nervioso central como el alzhéimer, el párkinson o la esquizofrenia protegen de algunos tipos de cáncer. El ejemplo más llamativo es la enfermedad de Alzheimer, que puede reducir hasta un 50% este riesgo.

Varias son las propuestas que han tratado de explicar esta asociación entre patologías a priori muy distintas, desde farmacológicas, genéticas a medioambientales, pero los resultados disponibles no eran lo suficientemente sólidos.

Ahora, Alfonso Valencia, investigador del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), ha presentado hoy en la revista PLOS Genetics la primera evidencia sobre la posible base molecular de esta relación entre cáncer y enfermedades del cerebro y del sistema nervioso central.

En concreto, el trabajo identifica casi un centenar de genes como posibles responsables de esta asociación.

“Habíamos publicado previamente que algunas enfermedades del cerebro y del sistema nervioso, especialmente aquellas que tienen un componente neurodegenerativo, están asociadas a un menor riesgo de padecer cáncer. Llamamos a esta evidencia epidemiológica comorbilidad inversa”, explica Valencia.

Sin embargo, “a pesar de esta evidencia, no teníamos detalles moleculares que explicasen dicho efecto protector, es decir, qué genes podrían estar detrás de este comportamiento”, añade.

Para ahondar en esta relación paradójica, los autores cruzaron mediante análisis bioinformáticos los datos de expresión génica de casi 1.700 individuos procedentes de más de 30 estudios sobre enfermedades del sistema nervioso central (alzhéimer, párkinson y esquizofrenia) y tres tipos de cáncer (colon, pulmón y próstata).

Los resultados muestran que casi un centenar de genes podría estar detrás de esta asociación: 74 genes presentaron simultáneamente una menor actividad en enfermedades del sistema nervioso central y una mayor en cáncer; por el contrario, 19 genes presentaron simultáneamente una mayor acción en patologías del sistema nervioso central y una actividad reducida en cáncer.

“Son precisamente estos genes, que se activan de forma inversa, los que podrían explicar el menor riesgo de los pacientes con enfermedades del sistema nervioso central de contraer cáncer como segunda enfermedad”, afirman los expertos.

Por su parte, los investigadores predoctorales César Boullosa y Kristina Ibáñez, del laboratorio de Alfonso Valencia, resaltan: “Hasta el 90% de todos los procesos biológicos que aparecen aumentados en cáncer están reprimidos en las enfermedades del sistema nervioso analizadas”.

Esta cifra pone de manifiesto cómo la “regulación global de la actividad celular podría ejercer un efecto protector en enfermedades con comorbilidad inversa”, explica el artículo.

“Al comienzo del proyecto no teníamos mucha fe en encontrar resultados estadísticamente significativos, así que fue una gran sorpresa ver que existe una correlación genética tan clara entre los dos tipos de enfermedades”, confiesa Valencia, que señala que es “la primera vez que se establece una relación molecular entre estas patologías”.

Entre los genes que aparecen en el estudio está PIN1, antiguamente relacionado con la enfermedad de Alzheimer y el cáncer, así como genes involucrados en las vías de señalización de p53 o Wnt. También aparecen genes relacionados con procesos biológicos tan importantes para la vida como el metabolismo o la comunicación de las células con el medio exterior.

Los investigadores proponen que esta asociación genética entre enfermedades podría abrir la puerta a la utilización de fármacos antineoplásicos para el tratamiento de algunas dolencias del sistema nervioso y a la inversa. Un ejemplo de esta práctica es el del bexaroteno, un agente antineoplásico que ya ha mostrado efectos beneficiosos para el tratamiento del alzhéimer en ratones.

Según los autores, el trabajo representa un ejemplo de las nuevas posibilidades que la genómica y la bioinformática pueden ofrecer en el abordaje integral de enfermedades complejas como el cáncer o los trastornos del sistema nervioso.

Referencia bibliográfica:

Kristina Ibáñez, César Boullosa, Rafael Tabarés-Seisdedos, Anaïs Baudot y Alfonso Valencia. “Molecular Evidence for the Inverse Comorbidity between Central Nervous System Disorders and Cancers detected by Transcriptomic Meta-analyses”. PLOS Genetics (2014).