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12/01/2014
El mundo no se acaba en Marte

La atención de los medios se concentra estos días en Marte, donde incluso se animan a viajar cerca de 40 candidatos españoles preseleccionados en el proyecto Mars One. Pero en el sistema solar orbitan otros planetas enanos y gigantes que también interesan a las grandes agencias espaciales. SINC repasa las próximas misiones a Plutón, Júpiter y Mercurio, que encajarán nuevas piezas en el rompecabezas de la evolución planetaria.

Fuente SINC

Cerca de 40 voluntarios españoles han sido preseleccionados por los responsables del proyecto Mars One para viajar en la próxima década a Marte, el planeta estrella de la exploración espacial por su cercanía y potencial habitabilidad. Sin embargo las agencias espaciales también estudiaran a otros compañeros del sistema solar, desde el más próximo al Sol hasta el más lejano.

“Plutón y sus lunas son parte de la frontera en ciencia planetaria”, apunta Michael Buckley, investigador del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins (EE UU) y portavoz de la misión New Horizons, que visitará este planeta enano. “Ninguna nave los ha explorado nunca, pero prometen contarnos muchas cosas sobre los orígenes y lo que hay más allá de nuestro sistema solar”.

En 2006, el mismo año en que la Unión Astronómica Internacional sacó de la lista de planetas a Plutón y lo ‘degradó’ a la categoría de planeta enano –al no haber limpiado su órbita de otros cuerpos celestes–, la NASA lanzó al espacio la sonda New Horizons.

“La nave hará su máximo acercamiento a Plutón el 14 de julio de 2015, aunque el encuentro como tal empezará antes, en enero de ese año, que será cuando la misión sea capaz de observar al planeta y sus lunas desde la distancia”, explica a SINC Buckley.

Hace solo unos meses, la cámara telescópica de largo alcance de la sonda fue capaz de ver a Plutón y a Caronte –su satélite más grande– como objetos separados por primera vez en la historia. “¡Las imágenes nos muestran que el final de este largo viaje está cerca!”, enfatiza el experto.

Ahora mismo, la nave surca la inmensidad espacial en algún punto entre las órbitas de Urano y Neptuno. Su localización exacta se puede seguir a través de la web de la misión, al igual que su velocidad, que ronda los 14,87 kilómetros por segundo.

Según se vaya acercando a Plutón, New Horizons buscará emisiones ultravioleta de su atmósfera y elaborará mapas del planeta enano y su luna. Cuando la sonda se encuentre a unos 12.500 kilómetros, tendrá media hora para poder hacer primeros planos de sus objetivos, con longitudes de onda visible y de infrarrojo cercano. “Las mejores imágenes de Plutón van a describir características de una superficie tan pequeña como 60 metros de ancho”, asegura Buckley.

La misión contempla que, una vez sobrepasado el planeta enano, la sonda analice algún objeto del cinturón de Kuiper, aunque la NASA tiene que aprobar aún la extensión del proyecto. “Los científicos están buscando un objeto del cinturón, de un tamaño significativo –entre 50 a 100 kilómetros de diámetro– que la nave pueda alcanzar”, apunta el experto.

Como ciencia de frontera, New Horizons forma parte del programa New Frontiers de la NASA, que también engloba a Juno, con destino a Júpiter. El nombre de la misión proviene de la mitología grecorromana, según la cuál, el dios Júpiter colocó un velo de nubes a su alrededor para ocultar su maldad, pero su esposa, la diosa Juno, consiguió mirar a través de ellas para revelar su verdadera naturaleza.

Emulando a la diosa Juno, ese es el objetivo de esta misión: desvelar los misterios del gigante gaseoso. La sonda, lanzada en agosto de 2011, llegará al planeta el 4 de julio de 2016. “El propósito de ir a Júpiter es comprender cómo se formó y cómo está construido. Esto nos ayudará a conocer cómo ha evolucionado nuestro primitivo sistema solar que ha permitido la formación de planetas, incluida la Tierra”, detalla a SINC Scott Bolton, investigador principal de este proyecto y director de la división de Ingeniería y Ciencia Espacial del Instituto de Investigación del Suroeste (EE UU).

Cuando la sonda esté en órbita, dará la vuelta al planeta 33 veces, de polo a polo, y usará sus ocho instrumentos científicos para averiguar qué se esconde bajo la densa capa de nubes que ocultan al planeta gigante.

De esta forma, los investigadores esperan averiguar qué cantidad de agua y oxígeno hay en el interior del planeta, así como el tamaño y la masa de los elementos pesados de su núcleo, si es que los tiene. “También vamos a investigar su estructura interior, la profundidad de sus cinturones y la Gran Mancha Roja, además de explorar su magnetosfera polar y su aurora”, resume Bolton.

Hace solo unas semanas la nave sobrevoló la Tierra, que utilizó a modo de tirachinas para que su gravedad le diera el impulso necesario para dirigirse a Júpiter. Ahora mismo se encuentra en la mitad de su viaje, una localización que se puede seguir a través de la aplicación Ojos en el Sistema Solar, donde también se ofrecen datos sobre su velocidad.

Si la NASA va a desvelar los secretos de Júpiter y Plutón, la Agencia Espacial Europea (ESA), por su parte, se ocupará del apasionante ‘mini sistema solar’ que envuelve a Júpiter, con sus flamantes lunas Ganímedes, Europa y Calisto. Aunque se haya superado la Guerra Fría y las tensiones de la carrera espacial, sigue existiendo cierto pique entre las agencias espaciales.

La jugosa misión JUICE (Explorador de las Lunas Heladas de Júpiter) de la ESA tiene como gran objetivo estudiar la posible aparición de mundos habitables alrededor de gigantes gaseosos, y los tres satélites más importantes de Júpiter son buenos candidatos.

De las tres gélidas lunas, Ganímedes es la más deseada por los científicos. “Es el satélite más grande del sistema solar, tiene un océano cuya parte inferior es de hielo –no de rocas, como en Europa– y es el único de nuestro sistema que tiene campo magnético interno”, declara a SINC Dmitrij Titov, jefe científico de esta misión.

En el proyecto original, denominado EJSM/Laplace, participaba también la NASA, y se contemplaba lanzar al menos dos naves. Japón y Rusia también planeaban unirse, pero como finalmente la NASA abandonó el proyecto en 2011, la misión siguió adelante solo con la ESA y transformada en la actual JUICE.

Está previsto que esta sonda se ponga en órbita en junio de 2022 y que llegue a Júpiter en enero de 2030. En los siguientes dos años y medio, la nave emprenderá su tour por el sistema ‘joviano’, sobrevolando Ganímedes, Calisto y Europa.

“Los tres satélites helados parece que poseen océanos de agua líquida bajo una corteza helada”, indica a SINC Richard Bonneville, investigador del Centro Nacional de Estudios Espaciales (Francia) y presidente del Comité para los Programas Científicos de la ESA. “Pensamos que la fuerzas de mareas ejercidas por Júpiter generan calor en los satélites y mantienen los océanos internos y la actividad geológica”, añade. La nave sobrevolará dos veces Europa, pero debido a su potente radiación no la orbitará, aunque sí lo hará en torno a Ganímedes.

La ESA también está implicada, junto a la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), en otro proyecto con destino al más pequeño de los planetas del sistema solar: Mercurio. Se trata de la misión BepiColombo, que se lanzará en julio de 2016.  El curioso nombre es un homenaje al matemático e ingeniero italiano Giuseppe (Bepi) Colombo (1920-1984), quien estudió con detalle el movimiento orbital de Mercurio.

“Mercurio es el planeta menos conocido del sistema solar interior y su caracterización precisa es una asignatura pendiente desde hace mucho tiempo”, destaca a SINC Johannes Benkhoff, científico del proyecto BepiColombo de la ESA. Gran parte de su misterio radica en que desde la Tierra solo es visible un máximo de dos horas y a muy baja altura, lo que hace al planeta inaccesible para los grandes telescopios terrestres, e incluso a los espaciales como el Hubble. Ninguno de ellos puede realizar mediciones estando tan cerca del Sol.

La misión BepiColombo se propone terminar con este desconocimiento gracias a sus dos sondas. Mercury Planetary Orbiter (MPO), construida por la ESA, elaborará mapas detallados del planeta, y Mercury MagnetosphericOrbiter (MMO), fabricada por JAXA, investigará su magnetosfera. “MPO se centrará en la caracterización global de Mercurio investigando su interior y superficie, y pondrá a prueba la teoría general de la relatividad de Einstein”, aclara Benkhoff.

Los científicos e ingenieros que participan en este proyecto –entre ellos la española Olivia Barcos– esperan averiguar por qué Mercurio es un planeta de extremos. De hecho, registra los niveles más altos de densidad de todo el sistema solar, lo que sugiere que en su interior existe un núcleo de hierro tan grande que su diámetro del 75% del radio planetario. Las temperaturas oscilan entre 450 ºC a mediodía y los –175 ºC de noche. “En la Tierra, podrías encontrar estas temperaturas en un horno para pizzas”, bromea el científico.

Como ocurre con el resto de misiones, conocer la evolución de Mercurio ayudará a comprender mejor la formación del sistema solar. Aunque seguiremos desconociendo el 95% del universo, proyectos de este tipo sirven para poner en orden el rompecabezas que representa para los astrofísicos la evolución de nuestro sistema planetario. Como dijo el inolvidable Carl Sagan, “somos el medio para que el cosmos se conozca a sí mismo”.

¿Humanos en Europa?

La excéntrica ocurrencia de la misión Mars One, que pretende una hipotética colonización humana del planeta rojo, podría repetirse en la luna más grande de Júpiter, Europa. El proyecto Objective Europa, del que forma parte el antiguo miembro de la NASA Kristian Von Bengtson, empieza a dar sus primeros pasos. En su página web se preguntan: “¿Es posible una misión tripulada en la luna ‘joviana’ de Europa?”. El proyecto se encuentra en la fase I –puramente teórica– pero avanzará hacia la creación de prototipos, pruebas de la tecnología y lanzamiento tripulado, “si llegamos a la conclusión de que dicha misión es posible”, apuntan sus responsables.

Y para que nadie se lleve a engaño, recuerdan lo que supondrá el hipotético viaje para los futuros astronautas: “Una misión tripulada a Europa también se refiere a conceptos más profundos, como responder si estamos solos en el universo, el sacrificio humano –si seguimos con la idea de la misión en un solo sentido– y devolver el espíritu pionero que dio forma al mundo de hoy pero que se ha perdido en alguna parte del proceso”.